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NATURALEZA LA MAGIA DEL AGUA: CASCADAS, NACIMIENTOS, DESFILADEROS Y EMBALSES
LA MAGIA DEL AGUA: CASCADAS, NACIMIENTOS, DESFILADEROS Y EMBALSES



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La especial orografía de Las Merindades ha propiciado que los ríos que riegan las tierras de esta comarca hayan formado, a su paso, numerosas cascadas y desfiladeros que sobresalen por su belleza natural y por el entorno en que se hallan enclavados.
Uno de estos ríos es el Nervión, que se precipita al vacio en un salto con forma de cola de caballo de 300 m de altura. Se encuentra en el Monumento Natural de Monte Santiago, dentro del municipio de Berberana.

No lejos, en el Valle de Mena, el río San Miguel forma un salto de 200 m en la localidad de Encima-Angulo. Uno poco más adelante, el mismo río forma la preciosa cascada de Peñaladros, en el barrio de Cozuela. Y en la cabecera del río Ordunte, sus aguas forman la desconocida cascada de Aguasal.

También en el norte de la comarca se encuentra la cascada de la Mea, entre las localidades de Puentedey y Quintanilla Valdebodres. Un sencillo y tranquilo sendero balizado nos ayudará a llegar hasta ella.

La cascada de las Pisas se hallan enclavada en un hayedo cercano a la localidad de Villabáscones, en el Valle de Valdebezana. Un pequeño camino nos conducirá hacia el río de la Gándara, que en su parte alta forma este bello salto.

Ya en la parte sur de la comarca, en el Valle de Valdivielso y ascendiendo por la serpenteante carretera que sube a la población de Tartalés de los Montes nos encontramos con un salto de agua que forma un pequeño arroyo entre los cortados calizos.
El curso del río Molinar por la pequeña aldea de Tobera, cerca de Frías, ha formado una sucesión de cascadas que se pueden visitar gracias a unas pasarelas y miradores creados al efecto.

Y en el Valle de Tobalina se encuentra la cascada de Pedrosa, llamada también el Peñón. Con casi veinte metros de caída y más de 100 m de frente el espectáculo que forma es excepcional.

Y si las cascadas son, sin duda, uno de los paisajes más bellos de Las Merindades, los nacimientos de varios de sus ríos no lo son menos.
En el Valle de Mena, el río Cadagua surge de las entrañas de los Montes de la Peña, sobre la localidad del mismo nombre. En la Merindad de Valdeporres se encuentran las fuentes del río Nela y del Engaña, los cuales surgen en los Montes de Somo, en el límite con Cantabria. Y en el Valle de Losa, se sitúa el nacimiento del río Jerea, en el reverso de los Montes de la Peña y a pocos kilómetros de Quincoces de Yuso.
Un espectáculo poco frecuente y de gran importancia se produce en Cueva de Sotoscueva. Allí, el río Guareña se adentra en la tierra a través de un sumidero conocido como el Ojo del Guareña. Sus aguas han formado uno de los complejos kársticos más importantes del mundo. La bella ermita de San Bernabé, excavada en la roca, vigila la entrada a estas cuevas.

El curso de los ríos que recorren la comarca ha modelado una sucesión de desfiladeros entre cortados rocosos que impresionan. Las canales de Dulla, en Valdeporres, es una sucesión de cañones excavados por varios arroyos en el reverso de la Peña Dulla. En Cornejo de Sotoscueva, el río Trema ha modelado un cañón con sucesivas cavidades y sumideros conocidos como las Diaclasas. El desfiladero de las Palancas lo forma el pequeño arroyo de la Serna en las inmediaciones del pueblo de Lándraves, en Valdebezana. Y en Herrán, en el valle de Tobalina, el río Purón ha modelado un estrecho desfiladero entre las paredes rocosas de la Sierra de Arcena.

Pero, sin duda alguna, el río que más ha influido en el paisaje de las Merindades ha sido el Ebro. En su caminar por estas tierras, que atraviesa por el sur, ha creado sucesivos desfiladeros entre distintos sistemas montañosos. Los desfiladeros de los Tornos, en Tudanca (municipio de Los Altos), los Hocinos y la Horadada, en el Valle de Valdivielso y Trespaderne, y las hoces de Sobrón, en Tobalina,  son escenarios imprescindibles en la visita a la comarca.

Y si el Ebro ha creado, por si sólo, numerosos desfiladeros, numerosos son también los embalses creados por el hombre para contener sus aguas. El más importante de ellos es el embalse del Ebro, en Arija, pero hay otros en las localidades de Cillaperlata, Cereceda (Valdivielso) y en Sobrón (Tobalina). En el Valle de Mena, las aguas de río Ordunte se han embalsado en el pantano del mismo nombre, y en Tudela, un pequeño embalse recoge las aguas de diversos arroyos cercanos.

Entre las localidades de Gayangos y Bárcena de Pienza, en la Merindad de Montija, varias lagunas naturales forman una zona especial para la nidificación y cría de numerosas aves acuáticas y de descanso de aves migratorias. Un mirador y un observatorio de aves permiten disfrutar del paisaje.