| Nofuentes: en la capital de la Merindad destaca el edificio del Ayuntamiento, en torno al cual encontramos varias casonas solariegas. En las afueras el monasterio gótico-renacentista de Santa María de Rivas.
Mijangos: atravesamos el Nela por un esbelto puente medieval. En la entrada del pueblo, la iglesia de San Tirso. El caserío, de estructura medieval, se extiende en torno a una calle principal, con casas adosadas unas a otras, y entre ellas, dos casonas torres defensivas. En las cercanías se hallan los restos de una antigua iglesia visigótica.
Urria: este conjunto, de estrechas y empinadas calles, luce algunas espléndidas casas de sillar y arco de medio punto.
Valdelacuesta: al pie de la Tesla permanecen las ruinas de este abandonado pueblo.
Quintanalacuesta: en el conjunto de estrechas calles y buenas construcciones, encontramos dos escudos. En las cercanías y de difícil acceso, un conjunto de veinte tumbas altomedievales.
Baillo: la iglesia de San Antolín conserva portada y un ábside románico de gran esbeltez. En la ermita de Nuestra Señora de la Hoz, en un vallejo cercano de la Tesla, se celebra una popular romería.
Casares: pequeño núcleo con caserío apiñado.
Paralacuesta: en su perfil, adaptado a la pendiente, resalta la torre de los Quintano. Junto a ella se ubica la iglesia de San Miguel, con bastos canes románicos.
Pradolamata: núcleo agrícola rodeado de campos de lechugas.
Almendres: la portada de la iglesia de San Martín resalta por sus animados motivos escultóricos. Junto a ella, una casona.
Valmayor: pueblo muy abandonado al que se accede por una pista en mal estado.
Cebolleros: fantástico y original castillo, en cuya construcción se han empleado casi veinticinco años.
Villavedeo: conserva algunas casonas y edificaciones de interés.
Las Quintanillas: su ermita conserva una portada de arco de medio punto decorada.
Ael: pueblo abandonado, ocupado por una explotación ganadera.
Hierro: rodeado por un extenso pinar, las vistas de las depresiones del Ebro, Nela y Jerea son excepcionales.
Lechedo: en torno a su amplia plaza se organiza el caserío.
Quintana-Entrepeñas: cercano a un bello desfiladero horadado por el Jerea, el núcleo se estrutura en forma de calle.
Quintanilla Montecabezas: la portada románica y un basto bajorelieve son los mejores elementos de su iglesia.
Extramiana: junto al pueblo se extienden las huertas que cultivan sus vecinos. La portada de su iglesia parroquial es románica.
Santa Coloma: llegamos por una pista que continúa hacia el Valle de Tobalina. Una casa luce un arco carpanel.
Villapanillo: entre sus estrechas calles de trazado medieval, unas casonas presentan en su fachada elementos cultos. Su gran iglesia tiene portada renacentista.
En Urria remontamos el curso de un arroyo que, procedente de La Tesla, discurre a lo largo del pueblo. Abandonamos Urria por una estrecha hoz y tomamos un ancho camino agrario que deja en todo momento las empinadas cresterías de La Tesla a la derecha. Otras pequeñas elevaciones rocosas, a la izquierda, nos separan de la depresión del Nela. El camino a Mijangos atraviesa junto a varias fincas, alguna de las cuales deberemos bordear. Para regresar hay dos opciones: bien por la carretera que parte a la izquierda a Urria o bien atravesar el puente hacia Nofuentes, desde donde una nueva carretera vuelve a cruzar el Nela para ascender a Urria.
Al Norte de la Sierra de la Tesla se dispersan hoy las pequeñas localidades que conforman la Merindad de Cuesta Urria. Esta Merindad, una de las siete históricas, se ubica en el centro de esta contrastada comarca del Norte burgalés: Las Merindades.
En su extensión encontraremos lugares de gran belleza natural originados por la acción erosiva de los ríos Nela y Jerea. Entre estos espacios sobresalen las empinadas faldas de La Tesla y el estrecho desfiladero del Jerea en Quintana-Entrepeñas, en los límites de la Sierra de Arcena.
Los visigodos ya se asentaron en las cercanías de Mijangos hacia el siglo VI. Posteriormente, en esta localidad, una de las más antiguas de la Merindad, existió un fuero que determinaba los tributos que debían de pagar los habitantes al Monasterio de Oña.
En el siglo XIV, se levantó en la Sierra de La Tesla el castillo de Montealegre, con el propósito de controlar toda la Merindad.
En el siglo XVIII, la Merindad de Cuesta Urria se segrega de las Antiguas Merindades de Castilla la Vieja. Ya en el siglo XIX, esta Merindad se reorganizó formando su actual territorio. En Nofuentes se emplazó su capital. Como relevantes testimonios del pasado, resaltan algunas iglesias románicas y de otros estilos: Almendres, Baillo y el monasterio de Santa María de Rivas.
Edificaciones de interés son sus casas blasonadas, frecuentes en varias localidades. El medieval puente de Mijangos fué un paso obligado para vadear el Nela. Unico resulta el Castillo de las Cuevas de Cebolleros, una moderna réplica de un castillo medieval, construido con gran esfuerzo y dedicación. Las gentes de la Merindad han dedicado mucho tiempo al cultivo del cereal.
El entorno invita a pasear o prácticar la bici de montaña. El Nela y el Jerea cuentan con atractivas zonas de baño pesca y navegación fluvial. Son una buena elección las agradables piscinas de Nofuentes.
En primavera, en Baillo, en pleno corazón de la Tesla, se celebra una animada romería. De buen prestigio goza la gastronomía de la Merindad, y en especial la repostería elaborada por las Clarisas de Nofuentes. Esta congregación religiosa ha abierto una original casa de espiritualidad.
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