NATURALEZA EN MEDINA DE POMAR

La ciudad vista desde oriente

Medina de Pomar está situada en el centro de la comarca de las Merindades. Su ubicación casi equidistante de cuatro grandes capitales españolas, de las que la separan apenas 100 km. de recorrido: Burgos (85), Santander a (102), Bilbao (78), y Vitoria (95).

El extenso municipio medinés (más de treinta pueblos y aldeas lo componen) es uno de los pocos municipios rurales burgaleses que ha visto aumentada su población en los últimos años, pasando en la actualidad de los 5600 habitantes de derecho, aunque si hablamos de los de hecho en los fines de semana y veranos dicho número habrá que multiplicado por siete.

El municipio está presidido por la ciudad, y éstá por su primitivo casco histórico, que ocupa una pequeña colina desde cuya cima un impresionante castillo parece erigirse en su pretil pétreo vacilante.

Medina de Pomar es un poblamiento antiquísimo, cuyos fueros o Carta Puebla, concedidos por el rey Alfonso VII El Emperador (1126 a 1157) y basados en los de Logroño, son unos de los más antiguos de España.

Desde su fundación, Medina, fue Villa realenga, esto es, dependiente del Rey, a quien pagaba directamente los tributos, hasta que Enrique II, mediante documento fechado en Toro el 22 de noviembre de 1369, la cede en señorío su camarero mayor don Pedro Fernández de Velasco como recompensa por su apoyo durante las campañas guerreras contra su hermanastro Pedro I.

Nombrada ciudad por concesión de la Reina Regente Dña. María Cristina en 1894, al reconocer, con toda justicia, su empuje social y valía económica, Medina de Pomar aunque mantiene en pie numerosos monumentos arquitectónicos de indudable valor histórico artístico, que la convierten en un importantísimo foco de atracción turística y cuyos hitos más sobresalientes son:

Casa consistorial.
Está enclavada en el lado norte de la plaza Juan Francisco Bustamante o plaza mayor. Es una construcción de 1898, cuyo proyecto y dirección de obra se debió al arquitecto Sr. Calleja, quien tuvo el buen gusto de respetar la tradición de porticado, que siempre gozó este rincón medinés, dotando a su obra de soportales.

Su salón de plenos, decorado por el pintor burgalés (era natural de Villaverde de Peñahorada) D. Julio de Val Y Cólume, el sombrío prototipo de las casas consistoriales erigidaS a caballo entre los siglos XIX y XX.

Alcázar.
Más conocido popularmente como las Torres, se levantó en el extremo suroeste de la ciudad por el primer señor de Medina, D. Pedro Fernández de Velasco y su mujer doña María Sarmientos, hacia la década 1370-1380. El cuerpo central de esta emblemática construcción que está flanqueado por dos torres prismáticas que confieren al conjunto un importante aspecto de fortaleza que, seguramente, se vería incrementado con el foso y contrafoso que rodeo en un tiempo el edificio. El interior, objeto de una profunda remodelación hace unos años, sólo mantiene los paños, vanos y algunos restos de frisos mudéjares con frases en latín y en aljamía de su primitiva fábrica. Desde los adarves de sus terrazas se divisan amplias y bellas panorámicas. El edificio está en proceso de habilitación para diversos proyectos culturales como son el museo didáctico, el archivo histórico, sala de exposiciones, pinacoteca municipal, y sala de congresos, etc.

Monasterio de Santa Clara, hospital de Veracruz y Ermita de San Millán.
Este verdadero complejo monumental tiene su estrella en el monasterio de Santa Clara, habitado desde su creación por una comunidad de religiosas que Clarisas, que lo cuidan con ese exquisito mimo y diligencia.

Fundado por Don Sancho Sánchez Sánchez de Velasco, Adelantado mayor de Castilla en el reinado de Fernando IV, y su esposa Dña. Sancha García mediante escritura otorgada en Baeza el 13 de enero de 1313.

El monasterio de Santa Clara está declarado de interés cultural y se presenta en la actualidad como el resultado de obras, Levantes y reconstrucciones de épocas diferentes y bajo estilos tan distintos como el gótico, renacentista y el barroco. Entre los elementos más destacables del monasterio está en el propio templo, de nave única, en el que sobresalen su capilla de la Concepción, incluida su sacristía; el mausoleo de D. Íñigo Fernández de Velasco y su mujer doña María Tovar; el coro con su sillería (todo ello obra de las primeras décadas del siglo XVI); el museo, que muestra en sus vitrinas piezas únicas de delicadísima y meritoria labor artística, entre las que destaca un Cristo yacente, obra de Gregorio Hernández, una tabla flamenca, un cuadro de Hendrick de Clerck (1570-1630), ropajes litúrgicos y objetos de culto, entre otras muchas piezas, o, ya en clausura el magnífico claustro de los pisos y las antiguas sala capitular y sala de refectorio.

Muy cerca del monasterio, en realidad contiguas al mismo, están las ruinas del que fue famoso y bien dotado hospital de la Veracruz, fundado por don Pedro II Fernández de Velasco, conde de Haro en 1438 siendo uno de los más señoriales edificios civiles de su época. Está en estado de consolidación para poder ser visitado.

En un extremo del que fuera patio de la entrada del hospital de la Veracruz, se ubican los restos de la iglesia románica de San Millán siglo XII, el edificio más antiguo que se conserva en Medina, nombrado en la escritura de fundación del monasterio de Santa Clara y que tal y como se desprende de los adornos de conchas en los capiteles del arco triunfal, fue hito de peregrinos. Se mantiene bien el ábside y el arco de entrada a la nave única.

Iglesia de Santa María del Salcinar del Rosario.
Este templo ya aparece aludido en los mismos Fueros de Medina, aunque su fábrica actual, que presenta numerosas reformas y añadidos, parece, básicamente de finales del siglo XIII, abovedandose a lo largo del XIV.

La Virgen del Rosario es la patrona de Medina, y la iglesia, a ella dedicada desde 1571, constituye uno de los más importantes templós rurales, a efectos funerarios, de la provincia de Burgos. El interior está ordenado en tres naves, más ancha la central.

Entre las muchas cosas de interés que admiramos en él, destacan los lucillos funerarios de la capilla de los Toba (siglo XIV); el retablo barroco del altar mayor (primer tercio del siglo XVIII), cuya hornacina central ocupada por una imagen de la Virgen titular (mediados siglo XVIII) donada por don Agustín de Villota (1728-1779); el retablo conocido como "La agonía de Jesús" (siglo XVII); el interesante órgano rococó 1770 realizado por el famoso organero riojano D. Antonio Sanjuán en sus talleres de Logroño y, entre otras cosas más, la tracería de las bóvedas del coro y sotocoro.

Puerta de Oriente y Arco de la Cadena.
Medina de Pomar, tal como su nombre indica, fue Villa amurallada, no sólo por una sino por dos murallas, las que ahora vemos fueron promovidas por Sancho Sánchez de Velasco y continuados por su linaje a lo largo de este siglo hasta cerrar la Ciudadela o barrio castellano. En la centuria siguiente se completaron con otra exterior que cerraba lo que hoy constituye el casco histórico. 5 puertas daban entrada al recinto: Somovilla, San Andrés, Villarcayo, Santa Clara y la de oriente, en la que moría o nacía el camino real de Burgos.

Forman parte su arco y pasadizo en ángulo de lo que fuera torreón del antiguo alcaide de la ciudad, levantado en la misma época que el Alcázar. En la confluencia con la calle mayor de este pasadizo se encuentra la llamada Puerta de la cadena, que daba acceso al recinto de la Ciudadela, presidido por la iglesia de Santa Cruz y el castillo. Debe su nombre al hecho de estar instaladas en ella dos ferradas hojas de roble que cerraban el barrio castellano tras la queda mediante cabrestantes, cadenas, tranca y retranca.

Convento de San Pedro de la Misericordia.
Por una manda del testamento de D. Agustín de Torres, preclaro medinés, otorgado quince septiembre de 1562, surgió esta fundación que, hasta 1996, estuvo a cargo de monjas Agustinas.

Del edificio primitivo nada quedó, y en el periodo 1763-1776 se levantaron nuevas construcciones y el gran muro que, aprovechando los años de la muralla exterior de la ciudad, rodeaba la hermosa Puerta conventual. Hoy en día, de todo ello, sólo queda el edificio de la iglesia, una pequeña casa integrada en el hotel, y su capilla, convertida en cafetería.

En los terrenos de la huerta están ocupados por la actual plaza porticada de Somovilla, construida en 1979, y las otras edificaciones fueron derruidas para levantar en su solar un moderno colegio-convento.

De la iglesia destacamos la portada y, en el interior, el retablo en madera cruda del altar mayor, ambas construcciones del siglo XVIII efectuadas bajo ya cánones neoclásicos aunque con numerosas reminiscencias barrocas. La iglesia está dedicada a nuestra Señora de Loreto, cuya imagen aparece en la hornacina central del retablo mencionado.

Muralla interior. Plazuela del Corral.
Limitando la plazuela del Corral, una de las más típicas pintorescas de Medina de Pomar, por su lado sur, se encuentra un buen tramo de la muralla interior que, siguiendo la línea del arco de la cadena y los muros del que fuera Oratorio de San Felipe Neri, nos muestra un lienzo limitado por dos cubos que parecen jugar papel de contrafuertes más que defensivos. Forman parte de la ya comentada muralla interior o de la Ciudadela, cuya continuación podemos ver siguiendo la calle Antonia Torres, por la trasera de la iglesia de Santa Cruz.

Arco y Puerta de la Judería.
Donde se supone estuvo la entrada al barrio judío, cuyo eje principal era la actual calle Nuño Rasura, se alza este imponente arco de grandes dovelas conocido como arco de la judería que, sin embargo, está construido cuando ya no había judíos en Medina pues que es un levanté de finales del siglo XVI, seguramente sustituto de otro anterior.

A propósito de este rincón, se cuenta que, para seguir con su comercio y dado que a los cristianos, clientes principales de los judíos de esta calle, se les prohibía la entrada en la aljama tras el cierre de esta puerta, los artesanos y comerciantes judíos abrían sus tenderetes por la planta primera de sus casas aprovechando el desnivel existente con la calle Laín Calvo, paralela a la del Nuño Rasura.

Pasaje y Parroquia de Santa Cruz.
En el compás de la iglesia de Santa Cruz, asentada en parte sobre la muralla interior, se abre el pasadizo homónimo que permite llegar al mismo a través de dicha muralla. Es un delicioso y típico rincón 1000 veces fotografiado, pintado, dibujado y cantado por artistas y puerta.

La iglesia de Santa Cruz ya parece nombrada en un privilegio signado en Olmedo por Alfonso X El sabio el 31 de julio del año de la edad de 1312 (1274). Por dicho motivo y por algunos detalles arquitectónicos, como la estructura cruciforme de algunos pilares, varios capiteles historiados y la propia disposición en planta, inclina a situar su construcción de forma casi coetánea a la de la iglesia de l Salcinar, esto es entre los siglos y XIII y XIV y ampliada a los pies con posteridad. Tal las últimas obras de consolidación y limpieza, aparece ante los ojos del visitante con el empaque y belleza que otorga la piedra desnuda y la buena fábrica.

Aparte del elegante y proporcionado pórtico y portada neoclásicos que añadieron en 1801, en el interior del templo encontraremos muchos detalles de interés como el arcosolio funerario de don Hernando de Medina en el paño sur, con su arco carpanel de afiligranada bordura; la pila bautismal; los monumentos funerarios de don Pedro de Hontañón y de D. Llorente de Salinas (ambos del siglo XVI), situados en la cabecera; la imagen exenta de la Inmaculada concesión, obra de don Julián San Martín; lo retablos del altar mayor (1770), obra de Don Manuel de Bercedo; los dos que cierran las naves laterales, de estilo barroco y gran mérito y; la antigua sacristía (siglo XV); la sacristía actual siglo XVIII, en la que hay una mesa con gran tapa monolítica de granito, el coro, la puerta de peregrinos y otros.

Pero en Medina de Pomar no todo se reduce a la riqueza monumental de la ciudad (riqueza que se prolonga y ubica en otros muchos lugares de su municipio como ocurre con el retablo gótico que adorna el altar mayor de la iglesia de San Andrés en torres de Medina; o la belleza, armonía y interés artístico de los retablos que guarda la singular iglesia renacentista de San Saturnino, parroquial de Moneo; por la originalidad de los restos románicos de los templos rurales de Rosales, La Cerca y Villarán, entre otros muchos hitos), sino que se extiende a otros aspectos más afines a la vida cotidiana, como puede ser una buena e intensa oferta cultural durante todo el año; los parajes naturales que brindan al paseante las riberas de sus ríos, ricos en pesca; los cuidados jardines; la limpieza de sus calles empedradas; la abundancia de comercios bien surtidos; el incomparable encanto de sus numerosos veladores, en los que la vida parece transcurrir placentera sin prisas; y las bien dotadas instalaciones para el ejercicio del deporte, como sus piscinas, polideportivo, pistas de tenis, campo de tiro, etcétera, y también, cómo no, la animada marcha de su vida nocturna, pues está de manifiesto, sobre todo, durante los fines de semana y la celebración de sus fiestas patronales de octubre. Además, la ciudad posee numerosos establecimientos hoteleros y restauradores capaces de satisfacer los gustos de los viajeros más exigentes, poniendo a su disposición una cocina de calidad y variada, entre la que dispone de espacio preferente, como es natural, la castellana, sin olvidar la vasca, tan próxima y apreciada.

Medina de Pomar ofrece esta y otras muchas cosas al visitante y, sabedora de su vocación turística, lleva mucho tiempo preocupándose por mejorar estructuras y comportamientos para que su estancia sea lo más placentera y enriquecedora posible.

Esta preocupación, ese afán, ha sido reconocido, con todo merecimiento, por las más altas instancias oficiales de Castilla y León al otorgar a Medina de Pomar el premio C de turismo correspondiente al año 1997. Por algo será.

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